1. Responsabilidad
En democracia, cada promesa genera una obligación.
Quien pide la confianza de los ciudadanos debe responder por lo que promete y por lo que hace.
Nuestro compromiso es claro:
si una propuesta se presenta, debe poder exigirse su cumplimiento.
2. Honestidad
La confianza pública solo puede construirse sobre la verdad.
Las propuestas deben explicarse con claridad, sin manipulación, sin promesas imposibles y sin discursos diseñados únicamente para ganar votos.
3. Honradez
La política no puede ser un medio de enriquecimiento ni de privilegio.
Los recursos públicos pertenecen a los ciudadanos y deben administrarse con integridad, transparencia y respeto absoluto.
4. Humildad
Ningún cargo público está por encima de los ciudadanos.
Representar a la sociedad implica escuchar, aprender y reconocer errores cuando sea necesario.
La política debe ejercerse desde el servicio, no desde la superioridad.
5. Prudencia
Las decisiones políticas afectan a millones de personas.
Por ello deben tomarse con responsabilidad, analizando sus consecuencias y evitando medidas precipitadas o guiadas por intereses momentáneos.
6. Perseverancia
Mejorar la democracia no es un proceso inmediato.
Requiere constancia, compromiso y la voluntad de seguir trabajando incluso cuando los resultados no llegan de forma rápida.